Chico nerd se empotra a dos tetonas en clase
El pobrecillo del fondo llevaba semanas babeando cada vez que Karina y su amiga se ponían esos ajustados jerséis que les marcaban el culo al caminar. Un día, mientras la profesora explicaba algo sobre química orgánica que nadie entendía, él aprovechó para escurrirse hasta su pupitre con la polla ya dura como un palo. Karina, que sabía perfectamente lo que llevaba dentro del sujetador, le guiñó un ojo y le susurró al oído que mejor salieran al baño de chicas antes de que alguien los pillara. Allí, entre los olores a lejía y los azulejos fríos, él no pudo resistirse y le bajó los pantalones a Karina de un tirón mientras ella se agarraba a la pared para no caerse. La otra chica, sin pensarlo dos veces, se quitó las bragas y se las metió en la boca a su amiga mientras le mordisqueaba el cuello, haciendo que gemidos ahogados escaparan entre sus labios pintados. Karina, con el coño ya empapado y los pezones duros como piedras, se arrodilló en el suelo mojado y le chupó la verga con una maestría que lo dejó sin aliento, lamiéndole los huevos antes de metérsela hasta la garganta. Él, loco de deseo, la levantó por las caderas y la empaló contra la puerta del baño mientras la otra chica le lamía el culo a Karina, haciéndola gritar de placer cuando sintió su lengua jugar con su entrada. Entre empujones salvajes y bocas buscando piel, las tetas de Karina rebotaban sin control mientras él la embestía como un animal, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su polla cada vez que la otra chica le metía un dedo en el culo. La primera en correrse fue la amiga, chorreando sobre su propia mano mientras gritaba obscenidades con la voz entrecortada, pero él no se detuvo ni un segundo. Agarró a Karina por el pelo, la giró como un trapo y la puso a cuatro patas sobre el lavabo, obligándola a mirar a su amiga mientras le metía la verga hasta las pelotas con cada embestida, haciendo que su culo se moviera de un lado a otro como un flan. Karina, con la cara pegada al espejo empañado y los muslos temblorosos, sintió cómo su amiga le lamía los pezones mientras él le azotaba el culo con fuerza, dejándole marcas rojas que brillaban bajo la luz fluorescente. Cuando por fin eyaculó dentro de ella, un chorro espeso le resbaló por las piernas mientras ambos caían al suelo, exhaustos pero con el cuerpo todavía vibrando de placer. Las dos seguían gimiendo cuando él, aún con la polla dura, les pidió que se besaran, y no necesitaron más invitación: sus lenguas se enredaron entre jadeos mientras sus cuerpos se frotaban, mezclando sudor, saliva y el olor a sexo que ya impregnaba el baño.