Compañero de cuarto me empotra duro en la cocina
Llevaba semanas sintiendo su mirada cada vez que pasaba por el salón con esa camiseta ajustada que le marcaba hasta los pezones duros, pero hoy se me acercó como un animal en celo y me arrinconó contra la mesa de la cocina. Me bajó los jeans cortos de un tirón hasta dejarme el culo al aire, mordisqueándome el cuello mientras sus dedos gruesos y llenos de tatuajes se clavaban en mis caderas sudorosas. No me dio tiempo ni a protestar cuando sentí su verga caliente rozando mi entrada, gruesa como un puño y con las venas marcadas que palpitaban contra mi piel pálida. 'Te voy a reventar el culo, putita', gruñó con esa voz ronca que me pone los pelos de punta, y antes de que pudiera responder ya me había empalado de un solo envite que me dejó sin aire entre gemidos ahogados. Cada embestida me sacudía los pechos, que rebotaban con fuerza contra el mármol frío mientras él me agarraba del pelo y me obligaba a arquear la espalda para hundirse más profundo. Notaba cómo su polla abría mi agujero a cada movimiento, estirando los bordes con un dolor delicioso que se mezclaba con el chorro de lubricante que resbalaba por mis muslos descontrolados. 'Así me gusta, que te pongas como una perra', susurra mientras me azotaba el culo con la mano abierta, dejando marcas rojas que brillaban bajo la luz del techo. Los platos de la cocina tintineaban al ritmo de sus embestidas brutales, y el olor a comida quemada se mezclaba con el sudor y el aroma a sexo fresco que impregnaba cada rincón. Cuando por fin noté su leche espesa llenándome el recto, fue como si me hubieran inyectado fuego por dentro, y me corrí gritando su nombre con la cara pegada contra el mármol, dejando manchas de saliva y maquillaje corrido que no me importó limpiar después.