Fantasma musculoso se masturba con su polla gigante
El ectoplasma pavoroso no puede resistirse a su propia carne palpitante cuando ve su reflejo en el espejo empañado del baño. Las venas gruesas de su verga de dieciocho centímetros se marcan bajo la luz tenue mientras se humedece los labios con la lengua, imaginando que son unos labios carnosos los que se la chupan sin piedad. Con un gemido gutural, agarra su miembro con ambas manos y empieza a mover los puños arriba y abajo en movimientos lentos y tortuosos, sintiendo cómo la piel resbaladiza se friega contra sus dedos sudorosos. El líquido preseminal ya le corre por la raja del culo mientras se inclina hacia adelante, apoyando la frente contra la pared fría para no perder el control. Cada embestida de su mano es más brutal que la anterior, haciendo que su cuerpo entero tiemble como gelatina mientras el aire se llena de gruñidos animales. Los abdominales marcados se contraen con cada sacudida de sus caderas, y los testículos hinchados le pesan como piedras al ritmo de sus movimientos bruscos. No tarda en sentir cómo el cosquilleo eléctrico le sube por la espina dorsal, anunciando que la corrida está cerca, pero decide alargar el suplicio un poco más, apretando los dientes hasta que le crujen. Cuando ya no puede aguantar más, deja escapar un rugido ronco y se corre con fuerza, disparando chorros espesos que salpican el espejo, el lavabo y hasta su propio pecho musculoso. La leche blanca resbala por su polla palpitante mientras se deja caer de rodillas, exhausto pero satisfecho, con la respiración agitada y el corazón a mil por hora. El ectoplasma pavoroso se lame los labios y murmura algo sobre lo bien que sabe su propia corrida, antes de levantarse y limpiarse con una toalla que ya estaba más que mojada.