La nena de gafas se coge a lo bestia por el culo
Lleva esos lentes que le dan un aire de inocente pero su coño está más caliente que un horno y ese culo prieto pide polla a gritos entre sus nalgas. Él no pudo resistirse cuando la vio agacharse a recoger el móvil con esas bragas blancas que se le hundían en el culo mojado, mostrando el contorno jugoso de su entrada trasera. Sin pensarlo dos veces le agarró la coleta y le escupió en el agujero mientras ella gemía con la voz ahogada por el morbo. Le embistió sin piedad metiéndole la verga hasta el fondo mientras sus gafas se le caían al suelo y solo se oía el sonido húmedo de los cuerpos chocando y los gritos ahogados de placer. Ella se agarraba a la mesa con las uñas clavadas en la madera y su coño goteaba de excitación al sentir cómo la polla le abría el culo de par en par. Cada empujón le arrancaba un quejido animal mientras él le apretaba las nalgas para hundirse más en ese agujerito estrecho que lo volvía loco. Le encantó ver cómo su culo se abría como una flor para recibirla, brillante y palpitante, lista para ser destrozada con cada embestida brutal. La nena de gafas, con los labios entreabiertos y los ojos vidriosos, se dejó hacer sin decir ni pío, disfrutando cada segundo de que la usaran como a una puta cualquiera entre las paredes de su propia casa. Cuando notó que los huevos le quemaban por tanto calor, aceleró el ritmo y se la clavó hasta las pelotas, sintiendo cómo su culo se llenaba con chorros espesos de leche caliente. Ella no pudo aguantar más y se corrió con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, dejando manchas de jugos en el borde de la mesa mientras la polla seguía dentro, escupiendo la última gota de esperma en lo más profundo de su culo destrozado.