Secretaria caliente se come la polla del jefe en la oficina
La secretaria no podía quitarle los ojos de encima al jefe desde que la llamó a su oficina, pero hoy el traje ajustado y la corbata deshecha la volvieron loca de deseo. Él la miró con esa sonrisa perversa mientras le ordenaba arrodillarse frente a su escritorio, y sin pensarlo dos veces, ella le bajó el pantalón para dejar al aire esa polla gruesa y palpitante que llevaba meses imaginando. Con los labios pintados de rojo se la chupó despacio al principio, saboreando el precaldo salado mientras sus tetas enormes se balanceaban libres bajo la blusa fina que ya no ocultaba nada. Él le agarró la cabeza con fuerza y le empaló la garganta sin piedad, haciéndola gemir con cada embestida mientras su coño se humedecía sin control. Cuando la levantó para dejarla sobre el escritorio, ella se quitó la falda de un tirón y abrió las piernas mostrando ese culo prieto y esa raja empapada que pedía a gritos ser reventada. La polla del jefe se hundió hasta el fondo en un empujón brutal, arrancándole un chillido mientras sus tetas rebotaban al ritmo de cada embestida salvaje. Él le agarró las caderas y la clavó contra el escritorio, follándola tan duro que los papeles volaron por todos lados mientras ella se corría gritando su nombre con la boca llena de babas y sudor. Cuando sintió que él se ponía más tenso, supo que venía una corrida gorda, así que abrió bien la boca y dejó que le llenara la garganta de leche espesa hasta que un hilo de semen le resbaló por la barbilla mientras tragaba con avidez cada gota caliente que le escupía dentro. La secretaria se quedó jadeando, con la blusa manchada de saliva y las medias rotas, mientras él se abrochaba el pantalón satisfecho, dejando claro que esa no sería la única vez que se la follaría en horario laboral.