Testigos de Jehová se follan a mi hijastra en casa
Los muy santurrones llegaron con sus Biblias y trajes oscuros, pero al ver a mi hijastra con ese vestido ajustado que se le marcaba el culo al caminar se les olvidó hasta el nombre de Dios. Ella, que siempre fue una chica tranquila, les sonrió con esa mirada de puta lista y les dijo que pasaran al salón, donde el sofá estaba recién lavado. En cuanto cerraron la puerta, uno de ellos le agarró el pelo y le metió la polla en la boca sin aviso, mientras el otro le levantaba el vestido y le bajaba el tanga de un tirón, dejando al descubierto ese coño depilado y bien mojado que ya goteaba de excitación. La pobre niña no tuvo tiempo ni de gemir cuando el primero la empotró contra la mesa del comedor, clavándole la verga hasta el fondo mientras los dos le susurraban obscenidades al oído. El segundo no perdió el tiempo y se arrodilló detrás de ella para lamerle el culo antes de clavarle los dedos bien adentro, haciendo que la hijastra se retorciera de placer entre sus brazos. Ella no pudo más que gritar cuando el primero le llenó la boca de leche espesa mientras el otro le metía la polla por el culo sin piedad, empalándola hasta que el culo le quedó rojo y brillante bajo los embistes brutales. Los gemidos ahogados de la chica se mezclaban con los gruñidos de los dos hombres que no paraban de repetirle lo buena puta que era mientras le daban nalgadas que hacían sonar el culo como un tambor. Cuando el segundo se corrió dentro de su culo apretado, ella ya estaba temblando de las piernas, con la polla del primero aún dura en su boca tragando hasta la última gota de semen caliente. Los tres quedaron jadeando en el suelo, con el vestido de la niña hecho un trapo y el salón convertido en un campo de batalla de fluidos y sudor, mientras los Testigos de Jehová se marchaban con la Biblia olvidada en el sofá y una sonrisa de satisfacción en la cara.