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Dos machos musculosos se empotran sin parar en el dormitorio

2:07 1080P 3 Gay
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Estúdio Gabotaku

Los dos vecinos llevaban días coqueteando con miraditas y roces casuales en el gimnasio, pero hoy la cosa se puso caliente cuando el más joven le dejó caer que quería probar algo nuevo. El grandullón no se hizo rogar y en cuanto cerró la puerta de su casa, lo empujó contra la pared mientras le arrancaba la camiseta con los dientes, dejando al descubierto un torso marcado por tatuajes que le hacían babear. Las manos sudorosas del más musculoso le aferraron el culo prieto mientras lo levantaba sin esfuerzo, clavándole la polla dura como piedra entre las nalgas bien dibujadas, haciéndolo gemir con cada embestida seca y profunda que le dejaba sin aire. El chico flaquito no pudo aguantar más y se dejó caer de rodillas, chupando con desesperación la verga gruesa y venosa que le colgaba entre las piernas, saboreando el líquido preseminal que ya le mojaba la garganta mientras los músculos del otro se contraían con cada gemido ronco que escapaba de su boca. No pasó ni un minuto antes de que el más fuerte lo levantara en vilo y lo empotrara contra el armario, con las piernas rodeándole la cintura mientras le mordisqueaba el cuello sudado y le susurraba obscenidades al oído sobre lo rico que iba a estar su culo cuando se la metiera hasta el fondo sin piedad. La cama crujió bajo el peso de sus cuerpos cuando lo tiró ahí y se abalanzó sobre él, hundiendo la polla hasta las pelotas en el agujero bien lubricado, arrancándole gritos de placer mezclados con maldiciones mientras lo embestía como un animal en celo. Las gotas de sudor les resbalaban por la espalda mientras la habitación se llenaba del olor a sexo y el sonido de carne chocando contra carne, hasta que el más musculoso lo volteó boca abajo y se la clavó por detrás con tal fuerza que el chico no pudo más que agarrarse a las sábanas y dejarse llevar por el ritmo brutal que le dejaba los huevos bien apretados y a punto de explotar. No aguantó ni cinco minutos antes de que una corrida espesa y caliente le llenara el culo hasta rebosar, gimiendo como una puta en celo mientras su verga palpitaba dentro de él, dejándolo temblando y con las piernas temblorosas. El grandullón no se corrió ahí, sino que le dio la vuelta y le escupió en la boca antes de volver a empalmarlo de un tirón, metiéndosela hasta la garganta mientras le agarraba la cabeza y lo follaba sin piedad hasta que su leche le resbaló por la barbilla y le dejó la cara bien embadurnada. Cuando por fin se dejaron caer el uno sobre el otro, exhaustos y con la piel pegajosa, los dos supieron que esa no iba a ser la última vez que se vieran...

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