Entrenador musculoso empotra el culo bien apretado
El entrenador musculoso siempre supo que aquel día iba a pasar algo entre ellos, y no solo por la sesión de pesas. Desde que el novato llegó con ese culito prieto y ese cuerpo lleno de tinta, no podía sacárselo de la cabeza, así que decidió que la rutina de hoy iba a ser distinta. Lo empujó contra la pared del gimnasio con su cuerpo sudoroso cubriendo el de él, sintiendo cómo el novato se estremecía al notar su verga gruesa rozando su trasero. Sin perder tiempo, le bajó el short ajustado dejando al descubierto ese culo rosado que ya estaba listo para recibir, resbaladizo con lubricante casero. Le escupió en el agujero antes de empujar con fuerza, haciendo que el chico gimiera como una puta al sentir cómo lo abría sin piedad, su polla monstruosa hundiéndose hasta las bolas. El novato se agarraba a la barra de pesas mientras las embestidas lo dejaban sin aliento, su propia verga rebotando contra su abdomen cada vez que el entrenador lo empotraba contra la pared. El sudor les resbalaba por los cuerpos mientras se besaban como locos, con lenguas enredadas y gemidos ahogados en la boca del otro. El entrenador lo giró de golpe, sentándolo sobre su regazo para sentir cada centímetro de esa verga gruesa en su profundidad, sus huevos golpeando contra el culo del novato hasta dejarlo marcado. Cuando le ordenó que se corriera en su boca, el chico no pudo resistirse y disparó su leche espesa entre sus labios, tragándosela mientras el entrenador lo seguía hasta el fondo, llenándolo de calor hasta que sus rodillas temblaron y casi se caen al suelo. Antes de irse, el entrenador le dio una palmada en el culo rojo y le susurró al oído que la próxima vez sería aún más intenso, dejando al novato jadeando y con las piernas temblorosas, preguntándose cuándo podría volver a sentir esa polla dentro de él.