John Gay y ese culazo que me volvió loco de celos
John Gay tenía un culo que no podía ignorar, redondo, firme, perfecto para hundir mi polla hasta que gritara. Cada vez que lo veía en el gimnasio, me imaginaba arrodillado detrás de él, abriendo esas nalgas para chupar su agujero antes de clavarle el miembro hasta las pelotas. Pero lo peor era saber que otro ya lo había disfrutado, que ese culo apetitoso no era mío. La rabia me quemaba, así que lo acorralé en el vestuario, lo empujé contra las taquillas y le bajé los pantalones de un tirón. Su culo palpitó cuando le escupí en el ano, lista para tomarlo como mi propiedad. Lo penetré de una sola estocada, sintiendo cómo su carne se ajustaba alrededor de mi verga, tragándola entera. Gritó mi nombre mientras lo empotraba contra el metal, sus gemidos ahogados por mis embestidas brutales. Le agarre las caderas para marcar el ritmo, hundiéndome más con cada movimiento, hasta que sus piernas temblaron y su agujero apretado me ordeñó la leche. Se corrió primero, con un chorro espeso que manchó el suelo, pero yo no paré hasta vaciarme dentro, dejándolo marcado. Saboreé cada segundo de venganza, sabiendo que ahora ese culazo era mío. La próxima vez no será tan rápido, al menos hasta que me ruegue por piedad.