Dos tatuadas se excitan en el baño y se lamen el coño
Las dos morenas con tatuajes por todo el cuerpo llevaban semanas coqueteando en el chat de su grupo de amigas hasta que por fin se atrevieron a quedar. Natalia, la más alta con curvas de infarto y unos pechos naturales que rebotaban al caminar, le propuso a Valeria, la morena de pelo negro azabache y culito redondo como una manzana, pasar la noche juntas en su mansión. Lo que empezó como unos tragos de ron y risas con poca ropa se convirtió en algo mucho más caliente cuando Valeria, sin pensarlo dos veces, se quitó el top de encaje y dejó al descubierto unos pezones duros que clamaban atención. Natalia, con la boca hecha agua, no pudo resistirse y se abalanzó sobre esos senos turgentes, lamiendo cada uno con movimientos circulares mientras sus propias tetas, más grandes y pesadas, le rozaban la cara. Valeria, con los muslos temblorosos, se agachó y le bajó el short a Natalia hasta los tobillos, exponiendo una raja ya empapada que olía a sexo y juventud. Las dos se miraron con lujuria y sin decir ni una palabra, Valeria hundió su lengua gruesa y caliente en el coño de su amiga, haciendo que Natalia soltara un gemido ronco y se aferrara a su pelo mientras le empujaba la cabeza contra su entrepierna. Entre jadeos y resbalones con la humedad que se acumulaba en el plato de la ducha, se turnaron para chuparse y morderse los labios hasta que Natalia, desesperada, empujó a Valeria contra la pared de azulejos fríos y le clavó dos dedos dentro mientras le mordisqueaba el cuello. Valeria, con los ojos vidriosos, le agarró el culo a Natalia con ambas manos y la levantó en el aire, haciendo que sus piernas rodearan su cintura mientras sus coños se frotaban sin piedad, enredados en un baile de carne mojada. Los gemidos llenaban el baño, mezclándose con el sonido de agua corriendo cuando Natalia, sin poder aguantar más, se corrió en la boca de Valeria, que lamió cada gota como si fuera néctar mientras le susurraban obscenidades al oído. Cuando por fin se desplomaron en el suelo de la ducha, exhaustas pero con los cuerpos aún vibrando, Natalia le confesó que llevaba meses imaginando este momento entre sus piernas tatuadas.