Esposa musulmana se deja empotrar en el sofá por su marido
Llevaba semanas con el hijab ajustado pero el coño le ardía cada vez que su marido le pasaba la mano por el muslo en la sala. Esa noche, mientras la esposa se quitaba el niqab con dedos temblorosos, él ya le había bajado los pantalones del chándal y le lamía el clítoris por encima de la tanga mojada. Se dejó caer sobre el sofá con las piernas abiertas y él le empotró la polla hasta la garganta sin avisar, haciendo que los gemidos ahogados resonaran en las paredes del living. La wife gorda y de culo prieto no pudo evitar arquear la espalda cuando él le clavó los dedos en las nalgas y le arrancó un grito al penetrarla con embestidas profundas y ruidosas. Las tetas le rebotaban sin control bajo la camiseta ajustada mientras cabalgaba sobre su verga gruesa, empapada con los jugos que le chorreaban entre las piernas peludas. Cada vez que la polla le llegaba al fondo, ella soltaba un quejido de puta necesitada, con los labios rojos y entreabiertos buscando aire entre los gemidos. Él le apretó el cuello con una mano mientras con la otra le sobaba el culo gordo, hundiendo los dedos en la carne blanda para marcarla mientras la follaba como un animal. El sofá crujía con cada embestida salvaje y el sonido de carne contra carne llenaba la sala, mezclado con los jadeos de ella y los gruñidos de él al sentir el coño caliente y estrecho contrayéndosele alrededor de la verga. Cuando por fin eyaculó dentro de su esposa, le llenó el útero de leche espesa mientras ella se corría gritando su nombre con los ojos en blanco y las uñas clavadas en el sofá. La corrida le resbaló por el muslo hasta formar un charco en el cojín, dejando un rastro blanco y pegajoso que ahora brillaba bajo la luz tenue del atardecer.