La interrogación que termina en creampie bien caliente
La sala de interrogatorios huele a sudor y lujuria, con las luces rojas parpadeando sobre la mesa de metal donde te espera ella, atada y temblando. La agarras del pelo, le ordenas abrir la boca y sientes cómo sus labios carnosos envuelven tu polla entera de golpe, chupando con desesperación mientras sus ojos suplican por más. Le das la vuelta, le separas las nalgas y ves cómo su coño gotea de lo mojada que está, lista para recibirte de una estocada hasta que las caderas chocan contra su culo apretado. Le empiezas a follar duro, escuchando sus gemidos ahogados mientras te clavas en su chocho sin piedad, sintiendo cómo sus paredes se contraen alrededor de tu verga. La pones a cuatro patas, le agarras las tetas y le das nalgadas mientras la embistes con fuerza, hasta que grita pidiendo permiso para correrse. Le ordenas que no lo haga, que aguante hasta que tú decidas, y cuando por fin te corres dentro de ella, llenándole el coño de leche espesa, sientes cómo su cuerpo se estremece de placer. La próxima vez será peor, porque ya sabe lo que le espera.