Hijo cachondo se vuelve loco por la polla de su madrastra
El chavo llevaba meses baboseando cada vez que la madrastra se ponía esos shorts ajustados que le marcaban el culo redondo y perfecto. Un día, mientras ella lavaba los platos, él se acercó por detrás y le metió la mano entre las piernas, sintiendo lo mojada que estaba. La mujer gimió fuerte cuando él le apretó los pezones con una mano y con la otra le abrió el coño para meterle dos dedos bien adentro. Ella se volteó, le bajó el pantalón y se arrodilló para chuparle la polla dura como una profesional, gimiendo cada vez que se la metía hasta la garganta. Él la levantó, la empotró contra la pared y le clavó la verga hasta el fondo, sintiendo cómo su culo apretado lo envolvía con cada embestida. La madrastra le clavó las uñas en la espalda mientras él le follaba el coño con fuerza, corriéndose dentro de ella con un gemido animal. Después, los dos cayeron al suelo, sudados y jadeando, mientras él le chupaba los pechos grandes y ella le acariciaba la polla todavía dura, lista para otra ronda.