Juliana coxinha se corre fuerte con su amiga morena
Desde que terminó la transmisión en vivo, Juliana no podía dejar de mirar a su vecina morena con esos labios carnosos y ese culo redondo que no paraba de moverse al ritmo de la música. La morocha, con sus tetas gigantes rebotando sin sostén, se acercó a ella con una sonrisa pícara y le susurró al oído que quería probar ese coño prieto y bien depilado que tanto le habían hablado. Juliana, con las mejillas encendidas y el coño ya empapado, no pudo resistirse y la agarró de la cintura para pegar su cuerpo contra el suyo, sintiendo cómo los pezones duros de la morena se clavaban en su pecho. Sin perder tiempo, la morocha se agachó y empezó a lamerle el clítoris con movimientos circulares, haciendo que Juliana gimiera fuerte y se aferrara a su pelo rizado mientras le agarraba el culo para acercarla más. La sensación de esa lengua experta recorriendo su raja hizo que Juliana arqueara la espalda y empezara a mover las caderas contra su cara, empapándole los labios de sus jugos mientras la morocha gruñía de placer al saborearla. Pero eso no era suficiente, así que Juliana la empujó contra la pared y le levantó la falda corta para dejar al descubierto unas nalgas enormes y firmes que no dejaban de temblar. Con un gemido gutural, se lanzó a chuparle el coño mientras le metía dos dedos en el culo, sintiendo cómo la morena se retorcía de éxtasis y le llenaba la boca con chorros de leche caliente al correrse con fuerza. Para no quedarse atrás, Juliana se quitó la ropa y se subió encima de su amiga, empotrándola contra el sofá mientras sus tetas enormes rebotaban con cada embestida profunda. La morena, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, no paraba de gemir y agarrarse a los muslos de Juliana, que no podía creer lo bien que le quedaba esa polla gruesa metiéndosele hasta el fondo. El sonido de los choques de piel resonaba en la sala mientras ambas se corrían una y otra vez, dejando manchas de fluidos por todo el lugar hasta que, exhaustas, se derrumbaron sobre las sábanas revueltas, jadeando y con los cuerpos pegajosos de sudor y placer.