Esta putita se corrió como una perra con mi strap-on de 28 cm
Desde que entró por la puerta con esos tacones de aguja y ese vestido ajustado que apenas le tapaba el culo, supe que esa noche no se iría sin que le metiera hasta el fondo el strap-on negro de 28 centímetros que ya tenía bien tieso. La muy zorra se pavoneaba por el salón moviendo ese culito redondo y prieto como si supiera que tarde o temprano iba a acabar arrodillada, con las tetas apretadas contra el suelo y el coño chorreando de excitación. Le agarré del pelo y le obligué a que probara primero con los dedos, metiéndoselos bien hondo mientras ella gemía como una perra en celo, con los muslos temblando y el aliento entrecortado. Cuando ya estaba buena y mojada, la empujé contra la pared y le rasgué ese tanga de encaje que llevaba puesto, dejando su coño al descubierto, brillante y empapado, listo para recibir lo que le esperaba. Con un empujón seco, le metí toda la verga de goma hasta el fondo, sintiendo cómo su culo se abría para mí y sus gritos de dolor mezclados con placer resonaban en toda la casa. La muy puta no paraba de mover ese culo en círculos, pidiendo más a gritos mientras yo la empotraba sin piedad, cada embestida más dura que la anterior, haciendo que el sonido de carne contra carne llenara la habitación. Cuando noté que sus gemidos se volvían más agudos y su cuerpo se tensaba como un arco, supe que estaba a punto de correrse como una perra en celo, empapando el strap-on de sus jugos mientras me suplicaba que no parara. Pero yo seguía embistiéndola sin piedad, con la polla de goma bien lubricada, hasta que por fin se corrió con un grito gutural, su culo temblando mientras yo seguía metiéndosela hasta que me harté de verla sufrir. La dejé tirada en el suelo, con el coño encharcado y el culo rojo y marcado, mientras yo me quitaba el strap-on y me masturbaba encima de su cara, obligándola a lamer cada gota de su propia corrida antes de que la escupiera con desdén.