Mea me empotró con un strap-on y no pude parar
¡No puedo creer lo que hice! Cuando Mea me susurró al oído '¿Te atreves a probar algo nuevo?' supe que estaba perdida. Mi coño se mojó al instante, aunque sabía que esto estaba mal, que no debíamos cruzar esa línea. Pero el deseo me quemaba por dentro, y cuando vi el strap-on en sus manos, mi cuerpo entero tembló de anticipación. Me arrodillé frente a ella, chupando su polla de goma con avidez mientras sus dedos me abrían el culo, lubricándome sin piedad. Cada lamida me acercaba más al punto de no retorno, y cuando finalmente me penetró, grité como una perra en celo. Sentí cada centímetro de ese juguete entrando en mí, estirándome hasta que las caderas chocaron contra mi culo. Mea me azotaba las nalgas mientras me follaba, sus gemidos mezclándose con los míos. En más de 11 minutos de escena, me corrió la leche caliente en el culo, llenándome hasta rebosar. Cuando terminó, mi tanga estaba tirado en el suelo, manchado con su semen y mi propia excitación.