Rubia latina se deja chupar y follar sin parar
La morena brasileña llegó al resort con shorts apretados que le marcaban el culo prieto y un top tan ajustado que sus tetas grandes casi se le salían cada vez que respiraba. Cuando me vio con la polla dura en la playa, no pudo resistirse y se acercó cojeando con esos tacones que le ponían las piernas kilométricas. Sin decir ni un 'hola', me agarró la verga sin aviso y se la metió en la boca mientras gemía como una puta desesperada, con la saliva resbalándole por la barbilla. Sus tetas enormes rebotaban cada vez que movía la cabeza arriba y abajo, chupando con una fuerza que me hacía arquear la espalda. Cuando ya no aguanté más, la levanté por el culo y la empalé contra la pared del bungalow, sintiendo cómo su coño chorreante me abrazaba la polla hasta el fondo. Ella gritó con voz ronca, arañándome la espalda mientras le clavaba los dedos en las caderas sin piedad. Me pidió que la follara más fuerte, que le llenara el vientre de leche caliente, y no pude negarme: la embestí como un animal hasta que los dos nos corrimos a la vez, con ella temblando entre mis brazos y yo gruñendo como un cerdo al sentir su leche escurriéndose entre sus muslos. Antes de que se fuera, se llevó mi verga a la boca una última vez y se tragó hasta la última gota, lamiéndome con esa lengua traviesa que no paraba de mover. La muy zorra sabía que le iba a encantar y no se equivocó, porque al día siguiente volvió a buscarme con esa mirada de puta necesitada que ya no podía saciar