Me corro en la boca de mi mejor amiga mientras mi marido graba
La rubia más cachonda de mi grupo siempre me miraba con esos labios carnosos mordisqueando el borde de su vaso de whisky, desafiándome con un brillo en los ojos que me decía 'ven, tócame'. Hoy no pudo resistirse cuando su novio le propuso grabarnos en la bañera mientras nos besábamos como locas, sus lenguas enredadas entre gemidos ahogados y sus tetas rebotando al ritmo de cada empujón. Sus pezones rosados se endurecieron al contacto con mis dedos, que le recorrieron el cuerpo desde el ombligo hasta el coño empapado, donde su tanga de encaje negro apenas cubría su raja hinchada. Le lamí cada centímetro de su piel tatuada, desde la nuca hasta la curva de su culo prieto, mientras mi marido se masturbaba con la cámara pegada a sus pelotas, listo para captar cada gota de saliva y sudor que resbalaba por su cuerpo. Ella gimió cuando mi lengua se hundió en su conchita depilada, saboreando su excitación como si fuera un postre prohibido, con mi marido susurrando obscenidades al oído mientras le apretaba los pechos para grabar mejor ese culo redondo que se movía sin control. La empujé contra el mármol frío de la bañera y le arranqué el tanga de un tirón, dejando al descubierto su coño sin vello y brillante de jugos, listo para ser devorado como si fuera mi última comida. Me arrodillé frente a ella, le abrí bien las piernas y le metí la cara en su rajita, lamiendo desde el clítoris hasta el culo con movimientos circulares que la hicieron arquear la espalda y soltar un grito de placer. Su novio, excitado por la escena, se acercó y le introdujo dos dedos en la boca mientras yo le chupaba el clítoris con avidez, sintiendo cómo su cuerpo temblaba cada vez que mi lengua se hundía en su entrada. Cuando ya no pudo aguantar más, se corrió con un espasmo violento, empapándome la cara con su leche caliente mientras gemía mi nombre como una puta en celo. Mi marido, sin poder resistirse, se acercó y le metió su polla gruesa en la boca mientras ella seguía temblando de placer, ahogándose con cada embestida hasta que le escupió un chorro de semen espeso sobre sus tetas firmes. La escena terminó con las tres cuerpos entrelazados en el vapor del baño, sus pieles brillando bajo la luz tenue mientras sus gemidos se mezclaban con el sonido de la ducha y el crujido del vapor en el espejo empañado.