Elisa Sanches me recibió con su culo perfecto y mi polla no perdonó
El olor a sudor y perfume barato de Elisa me envolvió cuando abrió la puerta en tanga, sus tetas grandes rebotando con cada paso. Llevábamos días coqueteando en el gimnasio, miradas robadas en la ducha, mensajes ardientes que dejaban claro lo que ambas queríamos. Cuando por fin la tuve contra la pared, mi mano apretó su culo redondo mientras ella gemía pidiendo más. No me hice esperar: la tiré sobre la cama y le arranqué el tanga con los dientes, dejando su coño mojado al descubierto. Mi polla entró de una estocada, haciendo que gritara mi nombre mientras la embestía sin piedad. Elisa Sanches no era ninguna principiante, pero esa noche la hice rogar por cada centímetro, alternando entre doggy y misionero hasta que sus uñas se clavaron en mi espalda. En más de 10 minutos de escena, la hice correrse tres veces antes de vaciarme dentro de ella, sintiendo cómo su culo apretaba mi verga como si no quisiera soltarme. Cuando me aparté, Elisa solo pudo susurrar: 'Joder, Jefao, ¿dónde has estado toda mi vida?'