Katerina Hartlova embarazada se excita con otra morra
La barriga de Katerina ya le pesaba como una sandía madura pero eso no le impedía excitarse como una perra en celo cada vez que su amiga le pasaba la mano por los pechos caídos y le mordisqueaba los pezones hinchados. La morra no podía resistirse a esos globos de leche que le colgaban como dos sandías jugosas, así que sin pensarlo dos veces le agarró las tetas enormes con las dos manos y se las amasó hasta que los pezones se le pusieron duros como piedras. Katerina gimió como una cerda en celo cuando sintió la lengua caliente de su amiga lamiéndole el ombligo hinchado y resbaladizo, arrastrando la humedad que le brotaba del coño empapado sin necesidad de tocarla. La morra le bajó los pantalones holgados que apenas le tapaban el culo redondo y le introdujo dos dedos gruesos en el coño chorreante mientras le susurraba al oído que era una puta embarazada que necesitaba que la empotraran sin piedad. Katerina, con la respiración entrecortada y los muslos temblorosos, se dejó caer de rodillas sobre el suelo del baño y le succionó la polla a su amiga con una avidez que solo tenían las que llevaban meses sin follarse, sabiendo que cada gota de leche que tragaba le recordaba lo caliente que estaba. La morra, con las tetas rebotando al ritmo de las embestidas que le clavaba desde atrás, le agarró del pelo y le empujó la cabeza contra su concha empapada mientras le gritaba que se corriera ya porque no aguantaba más la tortura de tener un coño tan mojado y necesitado. Katerina, con el culo en pompa y la barriga apretada contra el lavabo, sintió cómo su amiga le metía la lengua gruesa por el culo mientras le masajeaba el clítoris hinchado con los dedos, haciendo que los espasmos le recorrieran el cuerpo como descargas eléctricas hasta que no pudo evitar soltar un aullido gutural y eyacular sobre la cara de su amante con chorros tan potentes que le salpicaron hasta las tetas caídas. La morra, satisfecha pero no saciada, le dio la vuelta a Katerina y la empujó contra la pared con las piernas abiertas, penetrándola de un solo envite hasta que la barriga le rebotó contra el vientre mientras le gruñía al oído que era una puta embarazada que necesitaba que la llenaran de leche hasta reventar. Katerina, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, sintió cómo su amiga le llenaba el coño de leche espesa con cada embestida profunda, hasta que ambas se corrieron al mismo tiempo, mezclando sus jugos en un charco baboso que resbaló por sus muslos hasta el suelo del baño, dejando un rastro de placer y lujuria que solo el embarazo podía inspirar.