La artista de tetas grandes se deja empotrar por el pintor
La morena llegó con su ropa interior de encaje negro y esas tetas naturales que le temblaban al caminar, mientras el pintor le susurraba al oído lo que le haría en el taller. Él no perdió tiempo: la agarró por la cintura, le arrancó el sujetador de un tirón y se le clavó entre los muslos sin piedad. Ella gimió fuerte cuando él le apretó los pezones duros, le azotó el culo con la mano y le metió la polla hasta el fondo sin avisar. La morena no podía ni respirar, con la garganta llena de carne palpitante, tragándose cada embestida mientras él le escupía en el coño para que resbalara mejor. El pintor la puso de espaldas sobre la mesa, le levantó las piernas hasta sus hombros y empezó a empalarla con fuerza, haciendo que sus tetas grandes se sacudieran con cada embestida brutal. Ella le arañó la espalda, le pidió que no se detuviera y le chupó los huevos hasta dejarlos limpios antes de correrse sobre su polla como una perra en celo. La corrida le salió espesa y caliente, le empapó el coño hasta mojarle las nalgas y el pintor no se detuvo hasta vaciarse dentro de ella con un gruñido animal, dejándola temblando y jadeando con las piernas flojas. El taller olía a sexo sucio, a sudor y a leche derramada, mientras ella se limpiaba el maquillaje corrido y se reía con la boca llena de esperma.