La ts que me mamó en el elevador a oscuras
Él llevaba semanas siguiendo sus redes con esa boca enorme y ese culo que le robaba el sueño cada madrugada. Esa noche en el elevador, entre el olor a perfume barato y el sonido de los cables crujiendo, ella lo empujó contra la pared con su tatuaje de rosas que le lamía el cuello mientras le desabrochaba el pantalón sin miramientos. La polla le saltó como un resorte al aire acondicionado y ella se la tragó entera sin pestañear, con esos labios gruesos y pintados de rojo que le chupaban la cabeza como si fuera un chupete, haciendo esos sonidos húmedos que le ponían la piel de gallina. Él le agarró el pelo corto y se lo folló la boca con fuerza, sintiendo cómo le resbalaba la saliva por los dedos y le mojaba hasta los huevos, mientras ella gemía entre tragos con un sonido gutural que le vibraba en la garganta. Cuando la ts se arrodilló en el piso frío del elevador, le bajó los jeans hasta los tobillos y le agarró ese culo firme para enterrarle la cara entre las nalgas, lamiéndole el perineo y el agujero con esa lengua larga que parecía de otro mundo. Él se corrió en menos de un minuto, disparando chorros espesos que le resbalaron por la barbilla y le mancharon el vestido ajustado, mientras ella seguía lamiendo hasta dejarlo limpio y seco, con esos ojos oscuros brillándole de satisfacción. Antes de que se abrieran las puertas, ella se levantó, se limpió la boca con el dorso de la mano y le susurró al oído que lo esperaba en el lobby para seguir donde lo dejó, pero él ya sabía que esa ts no era cualquier fan: era una puta profesional que no dejaba cabos sueltos.