Llegué de fiesta con una tetona que me chupó hasta dejarme seco
La conocí en la disco, moviendo ese culo redondo en la pista, y desde el primer momento supe que esa noche iba a terminar con mi polla enterrada en su boca. Le ofrecí un trago, ella lo aceptó con una sonrisa pícara, y antes de que terminara la canción ya me estaba restregando contra mi pierna, su coño mojado rozando mi pantalón. La llevé a mi casa sin perder tiempo, y en cuanto cerramos la puerta, ella se arrodilló y me bajó los jeans con las manos temblorosas. Su boca caliente me envolvió de golpe, chupando con fuerza mientras sus dedos jugaban con mis bolas. Gemía como una puta en celo, ahogándose con mi verga hasta que le agarré el pelo y le metí toda la polla hasta la garganta. La hice tragar mi leche caliente, pero no se detuvo ahí: se subió encima de mí, montándome como una amazona salvaje, su coño apretado tragándose cada centímetro de mi verga dura. La empotré contra la pared, clavándosela con fuerza mientras ella gritaba y se corría una y otra vez. Al final, quedamos tirados en el suelo, sudados y satisfechos, con su boca todavía buscando mi polla para chupar hasta la última gota.