Chiquita asiática de culito prieto bailando en su cama
Llevaba días imaginando cómo se le vería ese culito prieto moviéndose al ritmo de la música mientras se quitaba la blusa sin prisa, dejando al descubierto unos pezones rosados y duros que pedían a gritos que se los chupara. La cámara captó cada gemido ahogado que soltó al sentir mis manos rodeando su cintura menuda, cómo su coño pequeño pero bien empapado se frotaba contra el borde de la cama al bailar, y ese culo redondo que no paraba de contonearse como si me estuviera provocando a empotrarla sin piedad. Cuando por fin la agarré de la nuca y le metí la polla hasta la garganta, sus ojos se pusieron vidriosos y sus muslos temblaron, pero no se resistió ni un segundo: al contrario, abrió más las piernas y dejó que le metiera los dedos en su raja mojada mientras seguía bailando con el cuerpo pegado a la pared. La giré de golpe, le bajé el tanga de encaje que apenas le tapaba el coño y vi cómo su culo palpitaba de ganas, listo para recibirme de lleno. Empotré mi verga dura contra su entrada chorreante, sintiendo cómo su carne caliente me abrazaba sin prisa al principio, pero luego con furia cuando le di un azote en el muslo que la hizo gritar y clavarme las uñas en la espalda. Seguí embistiéndola contra el colchón, con cada envite haciendo que sus tetas pequeñas botaran mientras su coño se contraía alrededor de mi polla, buscándome hasta el fondo. Cuando por fin explota al sentir cómo se le escapaba un chorro de leche por las tetas al correrse, supe que esa noche no iba a ser la última vez que la viera bailar para mí... y mucho menos con esa ropa puesta.