Marcelle Herrera disfruta un 69 y luego un buen polvo anal
Marcelle Herrera, esa morena de culo alto y tetas prietas, no pierde el tiempo cuando su novio llega a casa después del trabajo. Lo primero que hace es tirarse de rodillas en el suelo del baño, abrirle los pantalones de un tirón y sacarle esa verga gruesa y negra que le vuelve loca. No pierde ni un segundo en ponerle la lengua bien plana sobre el glande, lamiendo cada vena hinchada mientras escucha cómo él gruñe y le agarra el pelo con fuerza. El sabor salado y fuerte de su polla le excita más de lo que ya estaba, así que no duda en meterse toda la cabeza en la boca, tragando hasta que le roza la campanilla y él le clava las uñas en el cuero cabelludo con un gemido ronco. Pero Marcelle no se queda ahí: con un movimiento rápido se baja el tanga de encaje negro y se abre bien las nalgas, ofreciéndole el coño empapado y el culo prieto para que elija por dónde empezar. Él, sin pensarlo dos veces, le mete dos dedos en la vagina mientras le chupa los pezones duros como piedras, haciéndola gritar de placer y mojarse aún más. 'Vamos a ver qué tal te portas en la cama', susurra ella mientras lo empuja contra el colchón y le monta la verga a horcajadas, sintiendo cómo se le clava hasta el fondo cada vez que baja las caderas. Pero no es suficiente: Marcelle se baja de un salto, se pone en cuatro patas sobre la cama y le ofrece el culo bien abierto, con el agujero temblando de ganas. Él, con la polla dura como el mármol y la cabeza a punto de explotar, se acerca y le escupe en el coño antes de empalarla de un solo empujón, haciendo que ella suelte un alarido que retumba en toda la casa. Las embestidas son brutales, la carne choca contra carne sin piedad, y Marcelle no para de gemir 'más fuerte, papi, métemela hasta el fondo', mientras él le agarra las caderas y le clava la verga hasta que le duele. El sudor les corre por todo el cuerpo, las sábanas quedan hechas un trapo y el olor a sexo inunda el cuarto, pero a ninguno le importa porque están a punto de correrse juntos. Cuando él siente que no puede aguantar más, saca la verga de golpe y se corre encima de su espalda, llenándola de leche espesa que le resbala por el culo y las piernas. Marcelle, aún jadeando, se gira y le lame la polla hasta dejarla limpia, chupando cada gota de semen como si fuera su postre favorito. 'Me encanta cuando me llenas así', dice mientras se acurruca contra su pecho, con el coño aún palpitando y el culo bien usado pero satisfecho.