Marcelle le mete el culo a Amanda en crudo
Amanda no podía quitarle los ojos de encima a Marcelle desde que la vio paseándose en tanga por el jardín con esa polla dura que le colgaba entre las piernas. La morena de curvas explosivas no aguantó más y, en cuanto la puerta se cerró, se tiró encima de ella arrancándole la blusa para dejar al descubierto unos pechos firmes y unos pezones que ya se le erizaban de anticipación. Marcelle, con esa verga gruesa y morada que se le salía por los costados, le lamió el coño empapado antes de darle la vuelta y clavar su culo prieto contra el borde del sofá, dejando que la polla le entrara hasta la garganta sin piedad. Amanda gritó como puta loca cuando la empaló con un movimiento brusco, sintiendo cómo su culo se abría paso entre sus nalgas carnosas mientras las embestidas le hacían vibrar las tetas. Marcelle le agarró las caderas con fuerza, hundiendo cada centímetro de su verga hasta que Amanda sintió que se le nublaba la vista y solo podía gemir con la boca llena de babas mientras la follada se volvía más salvaje. Los sonidos de piel contra piel llenaban la habitación, mezclados con los gemidos ahogados de Amanda y los gruñidos guturales de Marcelle, que no paraba de empujar hasta que su polla quedó completamente enterrada en ese culito que temblaba de placer. Cuando por fin se corrió, Amanda sintió cómo la leche caliente le inundaba las entrañas, dejándola temblorosa y con las piernas convertidas en gelatina mientras Marcelle le mordisqueaba el cuello y le susurraba al oído lo buena que era para tragarse toda su leche. El sofá quedó manchado de jugos y sudor, pero a las dos les importó una mierda porque sabían que esto solo era el principio de una noche que no olvidarían.