Mi amiga caliente y yo nos follamos toda la tarde
Desde que se mudó al lado, mi amiga siempre andaba con esos shorts ajustados que le marcaban el culo perfecto y ese escote que dejaba ver sus tetas grandes y duras. Un día, después de tomar unos tragos, terminamos en mi cama, ella me miró con esos ojos de puta y me dijo que quería probar algo nuevo. Sin pensarlo dos veces, la empujé contra la pared y le arranqué el tanga con los dientes, sintiendo cómo su coño ya estaba mojadísimo. Empezamos a besarnos con furia, nuestras lenguas enredadas mientras mis manos apretaban sus nalgas redondas. Ella gimió fuerte cuando le metí dos dedos, moviéndolos rápido mientras su jugo chorreaba por mis nudillos. Luego, sacó un consolador enorme y me lo clavó entre las piernas, haciendo que me arqueara de placer. Nos movíamos al ritmo de nuestros gemidos, el sonido de la carne golpeando resonaba en toda la habitación. Cuando ya no aguanté más, me corrí en su cara, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mis dedos. Terminamos exhaustas, sudadas y con ganas de repetirlo todo otra vez.