Novia anal dura con mi novio follando fuerte
Esa noche la polla de su novio le tenía el culo más caliente que nunca después de ponerse ese liguero negro que le marcaba las tetas redondas y el coño bien prieto. Él no pudo resistirse cuando ella se le acercó con los labios brillantes de gloss y le susurró al oído que quería sentirlo bien adentro, sin condón y sin filtros. Con un empujón la tiró sobre la mesa del comedor donde ya había escurrido una botella de vino y le arrancó el tanga con los dientes dejando al descubierto el coño más mojado que había visto en meses. Ella jadeó fuerte cuando él la embistió de una sola vez, el culo bien prieto recibiendo cada centímetro de su verga gruesa mientras los gemidos llenaban la sala. Entre gritos le suplicó que no parara, que la follara más fuerte, que la hiciera suya por completo como tanto deseaba desde hacía semanas. Él le agarró las caderas con fuerza y empezó a empotrarla sin piedad, las nalgas le temblaban cada vez que la polla le llegaba hasta el fondo y el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba el aire. Ella se corrió primero, gritando su nombre con la boca llena de saliva mientras el orgasmo le recorría el cuerpo dejándola temblorosa, pero él no aflojó el ritmo ni un segundo. Siguió metiéndosela con saña hasta que al final, con un gruñido animal, se descargó dentro de ese coño bien apretado que lo volvía loco cada vez que la veía con ese culito respingón. Cuando terminó, ella quedó tirada sobre la mesa con las piernas abiertas, la polla aún goteando por dentro y el coño palpitando de placer, mientras él le lamía los labios despacio para saborear los restos de su corrida.