Nuestra primera videollamada con tetas enormes y mojadas
Ella se sentó frente a la cámara con esas tetas gigantes rebotando cada vez que respiraba, los pezones duros como piedras. Sabía que él la reconocería al instante, que su cuerpo voluptuoso era inconfundible. Con una sonrisa pícara, se pasó la lengua por los labios mientras se desabrochaba el sostén, dejando al aire esas tetas perfectas, pesadas y naturales. Sus dedos jugaban con los pezones, tirando de ellos mientras gemía suavemente, sintiendo cómo el coño se le mojaba más con cada roce. Él no pudo resistir y le ordenó que se tocara, que se metiera los dedos mientras él se masturbaba con esa polla dura como roca. Ella obedeció, hundiendo dos dedos en su coño chorreante, gimiendo más fuerte al sentir cómo se abría para él. La videollamada se volvió salvaje, con ella arqueando la espalda y mordiéndose el labio mientras se corría, los jugos cayendo por sus muslos. Él no aguantó más y se corrió también, salpicando su pecho con leche caliente. Al final, jadeantes, prometieron repetirlo pronto, porque esto solo era el principio.