Pisadas desnudas con varita mágica vibradora gritando
Lleva días escondida en su cuarto con las medias puestas, mordiéndose el labio cada vez que mira sus pies desnudos sobre la colcha. La varita mágica zumba en su mesita de noche, la tiene más caliente que nunca y sabe que hoy no va a aguantar ni un segundo más sin correrse. Con los dedos temblorosos se baja el tanga negro y deja al descubierto su conejita depilada, ya empapada y deseando sentir el primer contacto del vibrador. La punta fría del aparato le recorre el coño palpitante, arrancándole un gemido ronco que retumba en las paredes de su habitación. Apretando los muslos contra las sábanas, se frota el clítoris hinchado con movimientos circulares mientras la varita le roza los labios internos, húmedos y resbaladizos. El sonido de la vibración se mezcla con sus jadeos entrecortados, cada vez más fuertes, mientras se imagina que alguien más está ahí, observando cómo su cuerpo se retuerce de placer sin control. De pronto, enciende la varita al máximo y la presiona contra su entrada, sintiendo cómo el aparato se hunde sin piedad y la llena hasta el fondo, haciendo que sus caderas se eleven solas del colchón. Los espasmos comienzan a sacudirla por dentro, los pezones duros y sensibles rozan contra la tela de su camiseta mientras grita como una loca, con el coño temblando alrededor del juguete que no para de bombear. El orgasmo la parte en dos, el cuerpo le arde, los muslos le tiemblan y la humedad le corre por las nalgas, pero no piensa parar hasta dejar el aparato empapado y su concha más roja que un tomate maduro. Cuando por fin lo apaga, respira entrecortada, con las piernas como gelatina y la vista nublada, pero ya está planeando cómo repetirlo mañana... con alguien más observando.