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Racista rubia se deja follar sin parar en la cocina

1:11 720P 5 Rubias
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Estúdio Meganluv69
Atores Meaghan Burns

La nueva vecina de ojos verdes no paraba de mirarlo con cara de asco cada vez que él salía a regar el jardín sin camisa, pero hoy su mirada ardía de otra cosa... Entre sus piernas la tanga blanca ya estaba empapada y el coño le quemaba como si llevara horas con las piernas abiertas. Él no dijo ni pío cuando se le acercó por detrás, le agarró el culo prieto con ambas manos y le susurró al oído que se callara, que iba a recibir lo que merecía por ser una puta racista con curvas de infarto. La rubia se dejó caer contra la mesa de la cocina, arqueando la espalda mientras él le bajaba el pantalón vaquero hasta los tobillos y le metía dos dedos gruesos en el coño empapado, haciendo que gimiera con voz de desesperada. Con la polla dura como una roca, se la clavó de golpe hasta el fondo sin piedad, empotrándola contra el borde del mármol mientras le agarraba los pechos tatuados y le apretaba los pezones entre los dientes. Ella no pudo evitar gritar cuando él empezó a mover las caderas como un animal, embistiéndola con fuerza cada vez que ella intentaba escapar, aunque en el fondo solo quería que la rompiera. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la cocina junto a los gemidos ahogados de ella, que suplicaba más mientras le arañaba la espalda con las uñas pintadas de rojo. Él le dio la vuelta sin sacársela, la sentó sobre sus muslos anchos y se la folló a horcajadas mientras le lamía los pezones duros como piedras, saboreando el sudor salado que le corría por el cuello. Cuando notó que el coño le temblaba alrededor de la verga, aceleró el ritmo hasta que ella se corrió con un chorro caliente que le resbaló por los muslos, gritando su nombre mientras le clavaba las uñas en los hombros. Él no se detuvo ahí, sino que la levantó en el aire y se la folló de pie contra la nevera, con las piernas de ella enroscadas en su cintura y el culo apretado contra el metal frío. El último empujón fue brutal, le llenó el coño de leche espesa mientras ella se corría otra vez, jadeando como si se ahogara, con los ojos verdes vidriosos de placer y los labios hinchados de tanto morderlos. La cocina quedó hecha un desastre, con platos rotos en el suelo y el olor a sexo flotando en el aire, pero a ninguno de los dos les importó ni un carajo.

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