La rubia Sarah Sinclair recibe una buena empotrada
Sarah Sinclair, esa zorra de pelo dorado y tetas que rebotan con cada paso, llevaba unos tacones que le dejaban el coño palpitando de puro morbo desde que entró en el estudio. Filthy Rich, ese cabrón con una verga que parecía un bate de béisbol, ni siquiera esperó a que cerrara la puerta para empotrarla contra la pared, le arrancó el vestido de un tirón y le clavó los dientes en el cuello mientras le apretaba las tetas con esas manos llenas de callos. Ella, jadeando como una perra en celo, le metió la lengua hasta la garganta y le chupó la polla como si fuera su último trago de agua en el desierto, con los labios bien abiertos y los ojos vidriosos de lujuria. Filthy no perdió el tiempo y la levantó en volandas, le metió los dedos en el coño empapado y le arrancó un gemido agudo que resonó en todo el local, antes de clavársela hasta el fondo con una embestida que le hizo ver estrellas. Sarah, con las medias rotas y el culo temblando, le suplicó que no parara mientras él la follaba contra el espejo, le mordisqueaba los pezones duros como piedras y le metía los dedos en la boca para que chupara su propio sabor mezclado con el sudor. La polla de Filthy, gruesa y palpitante, le llegaba hasta la garganta cada vez que se la clavaba, y cuando ella se corrió con un grito ronco, él le llenó la boca de leche espesa que ella tragó sin dejar ni gota, lamiéndole después los huevos con una sonrisa de puta satisfecha. El cabrón no se conformó con eso y la tiró boca abajo sobre la mesa, le levantó el culo bien alto y se la volvió a clavar, esta vez con embestidas brutales que le hacían botar las tetas como gelatina, mientras ella se agarraba al borde con los nudillos blancos de tanto apretar. Cuando por fin se corrió, Filthy le dejó el coño goteando y la boca llena de su propio sabor, con los labios hinchados y los muslos temblorosos, antes de caer rendido sobre su cuerpo sudoroso, jadeando como un animal salvaje que acaba de saciarse.