Rubia caliente le hace mamada al aire libre y luego
La rubia de tetas pequeñas y pezones duros como piedras se agachó entre los árboles del parque sin importarle quién pudiera verla, con la polla de Marco Banderas ya dura como un palo entre sus manos. Le agarró el rabo con fuerza y se lo metió hasta el fondo de la garganta, ahogándose un poco pero sin soltar ni un gemido, mientras las venas marcadas le latían contra los labios. Él le agarraba la cabeza con ambas manos, empujándola hacia abajo cada vez más profundo hasta que las lágrimas le asomaban por las pestañas, pero ella seguía sin retroceder, chupando con una avidez que le hacía babear por toda la verga. Cuando ya no pudo más, se apartó un segundo para escupirle en la punta y frotársela contra los pezones duros, que se le ponían más tiesos cada vez que rozaba el glande contra ellos. Marco no pudo aguantarse más y la levantó en volandas, metiéndosela de golpe mientras la rubia le rodeaba la cintura con las piernas, sintiendo cómo la polla le abría el coño al máximo y le dejaba los muslos temblando. Dentro del coche, la cosa se puso más bestia: ella se puso a cuatro patas en el asiento de atrás, con el culito en pompa y la espalda arqueada para que él la empotrara sin piedad, mientras las tetas pequeñas le bailaban al ritmo de cada embestida brutal. Los jadeos se le escapaban entrecortados entre los dientes apretados, y cada vez que él le daba un azote en el culo, el sonido retumbaba en el interior como un latigazo, haciendo que las paredes vaginales se le contrajeran de placer. Marco, sudando como un cerdo y con la polla enrojecida por el trabajo, le agarró los pelos y le echó la cabeza hacia atrás para besarla a la fuerza, metiéndole la lengua hasta la garganta mientras le clavaba la verga hasta el fondo, haciéndola gritar como una loca. Cuando ya no pudo aguantar más, se corrió dentro de ella con un rugido que le salió desde lo más hondo del pecho, llenándole el coño de leche caliente hasta que se le chorreaba por los muslos, dejándola completamente mojada y temblorosa, con la respiración entrecortada y los ojos vidriosos de tanto placer.