Sus muslos gruesos lo vuelven loco de lujuria
Esa tarde en el sótano, entre cajas polvorientas y el sonido lejano de la televisión, él la empujó contra la pared, mordiéndole el cuello mientras sus manos subían por los muslos gruesos y carnosos que lo tenían obsesionado. Sus dedos se hundieron en esa carne suave, separando los muslos con fuerza hasta que el coño húmedo quedó completamente expuesto, brillando bajo la luz tenue del foco roto. La boca de él bajó de golpe, chupando con avidez el clítoris hinchado mientras ella gemía bajito, tapándose la boca para que nadie escuchara. El riesgo de que el dueño de la casa entrara en cualquier momento los excitaba más, haciendo que él la penetrara con la polla dura como el acero, clavándola contra la pared cada vez que empujaba. Sus caderas chocaban con fuerza, golpeando esos muslos gruesos que amortiguaban cada embestida, mientras él mordía sus pechos grandes para ahogar sus gemidos. De pronto, escucharon pasos en la escalera, lo que hizo que ella se pusiera más mojada, apretando las piernas alrededor de su cintura mientras él la follaba con más furia. La tensión de ser descubiertos los volvió locos, corriéndose juntos en un orgasmo intenso que los dejó temblando. La próxima vez no habrá paredes que los escondan.