Trans con culito prieto me recibió sin ropa
El muy cabrón tocó el timbre como si nada y yo ya sabía que venía a joderme, pero no me esperaba que entrara con esa sonrisa de puta y ese cuerpo de infarto. Llevaba un tanga tan pequeño que apenas le tapaba el coño, y se le marcaban las tetas duras bajo la camiseta mojada que se le pegaba como una segunda piel. En cuanto cruzó el umbral empezó a sobarme el culo con esos dedos largos que tiene, diciendo que de Inglaterra había traído algo bien bueno para mí. Yo no pude resistirme cuando me agarró de la nuca y me empujó contra el sofá, sintiendo cómo se le endurecía la polla contra mi muslo mientras me susurraba al oído lo que quería hacerme. No tardé ni dos segundos en quitarle el tanga de un tirón y en ponerme de rodillas para chuparle el coño bien mojado, que olía a sexo y a loción barata, mientras él se agarraba a mi cabeza gemendo como un animal. Cuando ya no pudo más, me levantó como si no pesara nada y me empaló contra la pared, clavándome esa verga gruesa que tiene con embestidas tan brutales que se me escapaban los gemidos sin control. Se la clavaba hasta las pelotas cada vez, haciéndome gritar como una puta mientras me agarraba de las tetas para no caerme, con el culo ardiendo cada vez que me empotraba contra el muro. No paró hasta que le sentí hincharse dentro de mí y soltar ese chorro caliente que me dejó el coño lleno hasta rebosar, mientras se corría con los dientes apretados y los ojos cerrados de puro placer.