Vecina madura se masturba con ropa ajustada y camelfoot
La vecina llevaba días paseándose por el barrio con esa chaqueta roja ajustada que le marca hasta las tetas y el culo, pero hoy no podía más y se encerró en su casa a tocarse sin parar. Mientras se quitaba los pantalones vaqueros y se dejaba caer sobre el sofá, se le marcó el coño empapado por la tela ajustada de la tanga, que ya no podía aguantar los jugos de su conejito caliente. Se pasó la mano por el vientre, sintiendo cómo el calor le quemaba la piel, y se mordió el labio inferior al meter los dedos entre sus muslos gruesos, buscando el clítoris hinchado que le palpitaba sin piedad. Con la otra mano, se agarraba con fuerza los pechos llenos, apretando los pezones duros que se le marcaban bajo la tela de la chaqueta, mientras gemía sin control y se frotaba el coño cada vez más rápido. Entre sus piernas, los labios vaginales ya brillaban de lo mojada que estaba, chorreando su propia crema por el muslo mientras se masturbaba con desesperación, imaginando que alguien la estaba mirando desde la ventana o que le susurraban al oído lo puta que era. Se retorció sobre el sofá, levantando las caderas para que su dedo se hundiera más dentro de su coño, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por el culo mientras se corría con fuerza, gritando su orgasmo sin importarle si la oían. Al terminar, se quedó tirada sobre los cojines, respirando con dificultad, con la chaqueta roja manchada de sudor y sus fluidos, y se dio cuenta de que ya no podía dejar de pensar en lo buen rato que se había dado sin necesidad de un hombre. Pero hoy solo quería disfrutar de su cuerpo, de lo que le hacía sentir su propia mano y de lo cachonda que se ponía al saber que alguien podía descubrirla en cualquier momento.