Prima borracha se la mete toda la noche sin parar
La primita llegó al antro con sus shorts tan cortos que casi se le ve el coño por los lados, pero la muy cabrona se quedó afuera porque el portero no la dejó pasar con esa minifalda que le marcaba el culo apretado como un durazno maduro. Él, que ya estaba más cargado que un camión de cervezas, la agarró del brazo y le soltó: 'Vente, prima, te llevo a mi casa que aquí no te dejan entrar'. Ella se dejó caer contra su pecho, con el aliento a tequila y el labial corrido, mientras sus tetas le rozaban el pecho y su coño olía a sudor y a excitación barata. En el coche, en vez de ir directo a su departamento, él la llevó a su departamento de soltero, un lugar lleno de botellas vacías y ropa sucia donde lo único que importaba era el cuerpo sudoroso de ella frotándose contra su entrepierna. Apenas cerró la puerta, la empujó contra la pared y le arrancó el top para morderle los pezones duros como piedras mientras sus manos le apretaban el culo en carne viva, sintiendo cómo se le empapaban los dedos con los jugos que le salían del coño sin control. Ella le agarró la polla por encima del pantalón y se la masajeó con gemidos ahogados, sintiendo cómo se le ponía más dura que un fierro al rojo vivo. En la cama, él la volteó boca abajo y le metió los dedos bien adentro, sintiendo cómo las paredes de su coño se le aferraban como si no quisiera soltarlo nunca, mientras ella gritaba y le suplicaba que no se detuviera. Él no necesitó más invitación: le separó las nalgas con las manos y le clavó la verga hasta el fondo con un empujón que le hizo gritar como puta en celo, sintiendo cómo el calor de su culo lo envolvía en un vaivén salvaje que los llevó a los dos al límite en cuestión de minutos. Ella se corrió con espasmos que le sacudieron todo el cuerpo, mojándole la verga de tal manera que cada embestida sonaba como un chapoteo húmedo y obsceno, mientras él le apretaba las tetas y le gruñía al oído que era su putita borracha y que se la iba a coger hasta que ya no pudiera caminar. Cuando por fin se dejó caer sobre ella, exhausto pero con la polla todavía palpitando dentro de su coño empapado, supo que esa noche no iba a ser la última vez que se la follara como Dios manda.