Abigaiil morris la pelirroja de curvas se la clavan fuerte
La pelirroja de curvas ya venía con el coño chorreando antes de que él le rozara el culo con los dedos, esos labios carnosos se le humedecieron al ver cómo JMac se sacaba la polla gruesa y palpitante del pantalón. Le pasó la lengua por el glande goteante mientras le apretaba las tetas enormes, esos pezones rosados ya duros como piedras, y ella gemía sin parar mientras le lamía los huevos pesados que le colgaban entre las piernas. Él la empujó contra la pared y le subió el vestido corto hasta la cintura, dejando al descubierto ese culo redondo y prieto que no paraba de temblarle de anticipación, con el coño ya empapado y los muslos pegajosos por los jugos que le resbalaban entre las piernas. JMac le agarró las caderas con fuerza y se la clavó de golpe por detrás, empotrandola hasta que ella chilló con cada embestida profunda, sintiendo cómo la polla le llegaba hasta las entrañas mientras le azotaba el culo con los huevos al chocar. Ella se apoyó contra el espejo del baño, con las tetas rebotando al ritmo de cada envestida brutal, los gritos ahogados en un trapo que se metió en la boca para no alertar a los vecinos, mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba lo puta que estaba por aguantar tanto aunque su coño no dejaba de apretarle la verga como un guante. JMac le metió dos dedos en la boca para que se los chupara bien babosos antes de pasárselos por el clítoris hinchado y empapado, haciéndola temblar mientras le susurraban obscenidades al oído sobre lo bien que le quedaba ese culo abierto para él. Ella se corrió gritando con la boca medio abierta, los jugos le resbalando por los muslos mientras él no paraba de embestirla, con la polla enterrada hasta la raíz y los huevos golpeándole el coño cada vez que se la metía hasta el fondo. JMac aceleró el ritmo hasta que sintió cómo se le tensaban los huevos y no pudo aguantar más, sacándosela de golpe para correrse sobre esas tetas gigantes que le temblaban con cada respiración agitada, dejando chorros espesos y calientes sobre los pezones duros y el escote profundo, mientras ella se dejaba caer contra la pared jadeando con los ojos vidriosos y las piernas temblorosas por el subidón. El semen le goteaba por los muslos y el vestido arrugado, pero ella solo quería más, pidiéndole entre susurros que no parara de follarla aunque ya le doliera el coño de tanto ser usado.