Abuelita caliente no resiste la polla de su nieto
La abuelita Gertruda, con sus tetas enormes y esas medias que le marcaban las piernas, siempre andaba rondando la casa del nieto cuando él se despertaba con la polla dura. Un día, no aguantó más y se metió en su habitación, se arrodilló y empezó a chuparle la verga como una puta hambrienta. El nieto, con los ojos abiertos de par en par, le agarró la cabeza y le metió la polla hasta la garganta mientras ella gemía como una zorra en celo. Después, la tiró sobre la cama, le arrancó el tanga y le metió los dedos en el coño bien mojado antes de empotrársela por detrás con embestidas brutales. Gertruda gritaba y se retorcía mientras él le apretaba las tetas y le mordía los pezones. Cuando ya no pudo más, le sacó la polla y le corrió toda la leche en las tetas, manchándole los lentes y dejando su cara de puta bien satisfecha. La abuelita, jadeando, se lamió los labios y le dijo que quería más, pero él ya estaba listo para otra ronda.