Agente inmobiliaria se corre follando a su cliente
La rubia de tetas enormes y culo prieto llegó con su vestido ajustado que marcaba cada curva de su cuerpo, sonriendo con esa mirada de zorra lista para engañar al próximo incauto. El pobre muchacho, con su verga dura como un poste y esos abdominales marcados, ni siquiera sospechó cuando ella le dijo que la casa tenía una habitación privada con "vistas al mar". En cuanto cerró la puerta, la agente lo empujó contra la pared, le bajó el pantalón y le agarró la polla con las dos manos mientras le susurraba al oído: "Si quieres la llave del ático, vas a tener que pagarla con esto". Él no necesitó más invitación: le levantaron la falda, le arrancó las bragas de un tirón y le metió la lengua en el coño empapado mientras ella gemía como una puta en celo. Con un empujón la puso a cuatro patas sobre el escritorio de madera y le empotró la verga hasta el fondo, haciendo que sus tetas botaran al ritmo de cada embestida brutal. Ella no tardó en montarlo al revés, cabalgando su gruesa polla con los labios alrededor de su glande chupando cada centímetro mientras él le agarraba el culo duro como una roca. Cuando sintió que se le venía el orgasmo, la puso de espaldas en la alfombra persa, le abrió bien las piernas y le lamió el coño hasta que ella se corrió gritando su nombre con la voz ronca. Al final, con la polla goteando leche, él le soltó la verdad: "Nunca me vendiste una casa, puta tramposa", pero ella solo sonrió satisfecha, limpiándose los labios con el dorso de la mano mientras le guiñaba un ojo. La transacción quedó cerrada con un polvo salvaje que dejó a ambos sudando y satisfechos, aunque ella ya tenía en mente la próxima propiedad... y el próximo cliente que follarse a fondo.