Ana la flaquita recibe verga gigante en el culo prieto
Desde que la vi por primera vez en el set, su culito prieto y tembloroso me volvió loco. Llevaba semanas imaginando cómo se le abriría ese agujero tan apretado al recibir una polla de verdad, no como esos juguetes que se mete cuando cree que nadie la ve. La acorralé contra la pared entre toma y toma, le bajé el pantalón de lycra hasta los tobillos y le escupí en el coño para que se mojara bien antes de lo que venía. Ella gimió fuerte, con los labios de su conejito palpitando de excitación, mientras le apretaba los globos de su culo natural con ambas manos. No aguanté más: le metí el glande en el agujero sin avisar, sintiendo cómo su carne resistente se quebraba poco a poco bajo la presión. Ana se arqueó hacia atrás con un grito ahogado, las uñas clavándose en el suelo de madera del estudio mientras yo le escupía en el culo para lubricar mejor antes de empotrarla sin piedad. Cada embestida la abría más, su agujero se dilataba hasta quedar bien abierto, mostrando cómo su carne rosada se estiraba sin remedio alrededor de mi verga monstruosa. Ella no paraba de gemir, la baba le caía por la comisura de los labios mientras le agarraba el pelo para que no perdiera el ritmo. Le metí los dedos en el coño mojado para que sintiera lo que le esperaba si no se portaba bien, y entonces sí: la levanté en peso y la empalé contra la pared con una embestida que le dejó los muslos temblando. Ana gritó como una puta descontrolada, su culo rebotando de arriba abajo con cada golpe seco de mis caderas, dejando marcas rojas donde la carne choca contra la carne. Sentí cómo su agujero se le cerraba alrededor de la base de mi verga, tragándosela entera hasta que sus nalgas me golpearon el vientre. Ella se corrió antes de tiempo, su coño chorreando sobre mis pelotas mientras yo seguía machacándola sin piedad, llevándola al límite una y otra vez. Al final, no pudo más: se dejó caer sobre el suelo, con el culo bien abierto y su agujero goteando leche blanca, mientras yo me corría dentro de ella a chorros, llenándola hasta el fondo como nunca antes.