Asiática mojada se corre con polla gigante en hotel
Desde que entró al cuarto lo único que hizo fue tirarse encima de la cama con ese culito redondo y esos labios brillantes de tanto babear por él, gimiendo con voz de puta necesitada mientras se mordía el labio inferior. Él no perdió el tiempo y le arrancó el vestido barato que llevaba puesto, dejando al descubierto unos pechos firmes con pezones duros que suplicaban por ser chupados, y un coño depilado que ya chorreaba jugos sin control. La primera embestida la dejó sin aire cuando la agarró de las caderas y la empaló contra el colchón, sintiendo cómo su coño estrecho se amoldaba a su verga gruesa como si estuviera hecha a su medida. Ella gritó tan fuerte que el vecino del piso de arriba debió escuchar, pero a ninguno les importó mientras él la follaba como animal, metiendo y sacando la polla sin piedad mientras sus jadeos llenaban la habitación. Entre gemidos le suplicó que la llenara toda, que no parara hasta que se corriera dentro de ella, y él, jadeando como un toro, no pudo resistirse a clavársela hasta el fondo una y otra vez hasta que sintió cómo su coño se contraía alrededor de su miembro mientras el primer chorro de leche caliente la inundaba por dentro. La asiática, temblando de placer, se dejó caer sobre la cama completamente rendida, con las piernas temblorosas y el coño goteando semen, sabiendo que acababa de vivir el mejor polvo de su vida. Pero él no había terminado, porque aún le quedaba meterle los dedos en la boca para que chupara los restos de su corrida mientras le susurraba al oído lo puta que era por disfrutar tanto de un buen follón.