Amiga culona me empotra en su casa a escondidas
La muy putita no paraba de mover ese culo respingón cada vez que me veía pasar con la mochila del gym, así que no pude resistirme cuando me agarró de la mano y susurró al oído que su mamá estaba en el supermercado. La seguí hasta su cuarto con el corazón a mil, pero antes de que pudiera cerrar la puerta ya me tenía contra la pared mordiéndome el labio y metiéndome los dedos en la bragueta para sentir lo dura que estaba mi verga. Sin mediar palabra me bajó el pantalón de un tirón y se agachó rápido a chuparme la cabeza palpitante mientras con la otra mano se sobaba el coño empapado que ya le goteaba por los muslos. No aguanté ni cinco segundos antes de agarrarla del pelo y levantarla para empotrarla contra la cama, donde se dejó caer boca abajo con las piernas abiertas y ese culo redondo vibrando de ganas. Le arranqué el short de licra con un solo tirón y le metí la polla de una vez hasta el fondo, sintiendo cómo su coño caliente y estrecho me chupaba con cada embestida profunda que le daba, haciendo que sus tetas rebotaran al ritmo de mis golpes. Ella gemía como una perra en celo, gritando que me la follara más duro mientras se agarraba a las sábanas con los puños apretados y el culo en pompa para recibirme mejor, su coño haciendo ruidos de succión cada vez que la sacaba casi hasta la punta para volver a clavársela hasta las pelotas. El sudor nos cubría a los dos, su espalda se arqueaba como un arco cuando le pellizcaba los pezones duros y su respiración se volvió entrecortada, anunciando que el orgasmo estaba cerca, así que le metí dos dedos en la boca para que los chupara mientras le seguía metiendo la verga sin piedad hasta que ambos explotamos al mismo tiempo: ella se corrió gritando mi nombre con el coño temblando alrededor de mi polla que disparó semen caliente hasta el fondo de su matriz, dejándonos a los dos tirados en la cama, jadeantes y pegajosos, con las piernas temblorosas y el cuarto oliendo a sexo y a sudor.