Chica universitaria chupa polla dura y empalma fuerte
La morra no podía despegar los ojos del móvil mientras él le susurraba al oído que tenía un plan mejor que el que buscaba en la pantalla, algo que le haría gemir más fuerte que cualquier juego. Con una sonrisa pícara, él le arrebató el teléfono de las manos y lo lanzó sobre la cama, dejando al descubierto el coño empapado que llevaba horas deseando probar. Sin pensarlo dos veces, ella se dejó caer de rodillas frente a su verga gruesa y palpitante, que ya goteaba gotas de pre-semen sobre el capullo rosado. La primera pasada de su lengua caliente y ancha sobre la punta hizo que él gruñera como un animal, apretándole el pelo con fuerza mientras sus caderas se sacudían sin control. Cuando ella hundió hasta la garganta su polla enorme, él no pudo evitar empujarla con movimientos bruscos, haciendo que sus ojos se llenaran de lágrimas mientras intentaba aguantar el aire. Pero no duró mucho: en cuestión de segundos, ella ya le estaba masajeando los huevos con una mano mientras con la otra se frotaba el clítoris hinchado, mojando sus dedos con los jugos que brotaban sin parar. Él, sin poder resistirse más, la levantó de un tirón y la estrelló contra la pared, levantándole el vestido hasta dejar al aire ese culo prieto y redondo que tanto lo volvía loco. Con un empujón seco, la empaló de una sola estocada, arrancándole un grito agudo que resonó en toda la habitación mientras sus tetas rebotaban contra su pecho sudoroso. Las embestidas eran brutales, cada golpe de cadera hacía que su coño chorreante se abriera como una flor al sol, recibiendo cada centímetro de su verga monstruosa sin piedad. Ella, con la boca entreabierta y los labios brillantes de saliva, no dejaba de gemir entrecortadamente, suplicando que no parara mientras sus uñas se clavaban en los hombros de él. Cuando sintió que la leche espesa empezaba a subir por su polla, aceleró el ritmo hasta que ambos explotaron en un orgasmo simultáneo: él le llenó la boca de semen caliente que ella tragó sin dudar, mientras que su coño se contraía en espasmos violentos, escupiendo chorros de sus fluidos sobre el suelo. Quedaron jadeantes, pegajosos y satisfechos, con el cuerpo tembloroso y la piel brillante de sudor, sabiendo que esa no sería la última vez que jugaran a sus juegos sucios.