La culeada de The Carmen Angel a su sumiso en POV
Su polla se yergue como un mástil cuando The Carmen Angel entra en escena, con esa mirada de domadora que no perdona. Ella no pregunta, ordena: “Arrodíllate, perrazo”, mientras ajusta las rodillas en el suelo, la boca a punto de tragarse esa verga que ya gotea. La primera lamida es lenta, travesura pura, pero pronto se vuelve feroz, succionando hasta que el cuello se marca con cada embestida. Él suplica, se agarra a los muslos de ella, pero no hay piedad: “¿Qué dije de moverte?”, escupe, antes de empalarlo hasta las pelotas. Los gemidos se vuelven gritos cuando ella gira la cabeza, sacando los labios como un anillo ajustado, y lo manda a correrse con un empujón que le quema la garganta. La saliva resbala por el mentón de él, manchando el suelo, pero The Carmen Angel aún no ha terminado. “Mira cómo te dejé, cachorro”, susurra, pasando un dedo por el semen que cuelga de la punta. La próxima vez, promete, no habrá lamidas… solo su coño tragándoselo entero.