Despistada se deja empotrar en el consultorio dental
Llevaba mas de una hora esperando en el sillón del dentista cuando él entró con esa bata blanca que le hacía babear solo de verla... y sin decir ni pío, la muy zorra se quitó las leggings y se sentó en el borde del sofá con las piernas bien abiertas. No aguantó ni cinco segundos antes de que él le clavara la polla dura contra el coño chorreante, gimiendo fuerte mientras le arrancaba el sujetador para morderle las tetas perfectas y llenas. Ella le chupó la verga hasta dejarla bien brillante, lamiéndole cada vena con la lengua juguetona mientras él le apretaba el culo redondo para empotrarla más fuerte contra la pared. La saliva le resbalaba por la barbilla cuando él le dio la vuelta y la dobló como un saco, hundiendo su polla gruesa en ese coño mojado que no paraba de gotear. Las embestidas eran brutales, cada golpe resonaba en la consulta vacía mientras ella gritaba '¡más duro, cabrón!' con voz de puta desesperada. Él le llenó la boca de semen espeso hasta que ella tragó hasta la última gota, pero no se conformó: con la polla aún temblando, se la clavó por detrás hasta dejarle el culo marcado con los moretones de sus dedos. Cuando por fin se corrió dentro de ella, la dejó temblando contra el mueble, las piernas débiles y el coño empapado de leche caliente que le resbalaba por los muslos. El dentista sonrió satisfecho mientras se limpiaba el sudor de la frente, pero ella solo atinó a susurrarle 'vuelve cuando quieras' antes de ponerse las leggings rotas.