Puta caliente me chupó la polla afuera de su casa
Esa maldita zorra de pelo negro no podía dejar de mirarme con esos labios rojos y carnosos mientras yo me ajustaba el pantalón después del trabajo... La muy puta me agarró del cinturón y me arrastró hasta el porche de su casa, donde sin mediar palabra me soltó la hebilla y me sacó la polla dura como un fierro. Antes de que pudiera reaccionar, ya tenía su boca caliente y babosa tragándose mi miembro hasta la garganta, con los ojos vidriosos y las mejillas hundidas por el esfuerzo. Gemía como una perra en celo mientras me ahogaba con su saliva espesa, escupiendo cada vez que sacaba la cabeza para tomar aire antes de volver a clavársela hasta el fondo. Sus tetas apretadas contra mi muslo le daban un ritmo frenético, los pezones duros rozando mi piel mientras sus uñas se clavaban en mis caderas para no soltarme ni un segundo. El sonido húmedo de sus labios chupando, mezclado con los gemidos ahogados que salían de su garganta, me puso a mil y no tardé en agarrarle la cabeza con fuerza para empotrarle la polla hasta el fondo de su gaznate. Sentí cómo se le escapaba un hilo de baba por la comisura de los labios mientras sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, pero no aflojó ni un milímetro, tragando cada embestida como la puta sumisa que era. Cuando le llené la boca con mi leche espesa y caliente, se la tragó toda sin dejar ni una gota, relamiéndose los labios mientras me miraba con una sonrisa de satisfacción. La muy viciosa se limpió los restos de semen con el dorso de la mano y se lamió los dedos mojados, susurrando que quería más antes de que yo pudiera recuperar el aliento. Luego se subió el vestido hasta las caderas y se apoyó contra la pared, pidiendo a gritos que le metiera la polla donde más ardía, pero esa escena se la dejo para después...