Comparto cama con la amiga puta de mi novia y vivimos un sexo salvaje
Llevaba meses viendo cómo esa colombiana de cuerpo delgado se movía en la cama de mi novia con esos shorts que le apretaban el culo prieto, dejando ver sus nalgas jugosas cada vez que se agachaba. Una noche, después de demasiado trago, mi novia se durmió borracha y ella se acercó sin decir nada, rozándome la polla con sus tetas firmes mientras me susurraba al oído que llevaba semanas soñando con chupármela. No me resistí cuando sus dedos ágiles me sacaron la verga dura del pantalón y comenzó a lamérmela despacio, con la lengua caliente y juguetona, mientras gemía bajito y se mojaba el coño sin parar. Le agarré el pelo negro y la empujé contra el colchón, empalándola de una vez con mi tronco grueso, sintiendo cómo su concha se abría para mí con un chasquido húmedo. Ella gritó fuerte, clavándome las uñas en la espalda mientras yo la embestía como un animal, con las nalgas temblorosas y el coño goteando su miel sobre mis pelotas. Cambié de posición y la puse boca abajo, levantándole el culo redondo para clavársela hasta el fondo, cada envite le sacaba un aullido agudo que resonaba en la habitación. Sus pechos pequeños rebotaban con cada golpe y su culo se ponía colorado, marcado por mis manos que le apretaban las nalgas para hundirme más hondo. Se corrió primero con espasmos violentos, mojando las sábanas mientras yo seguía metiéndosela sin piedad, hasta que sentí que mi leche caliente le inundaba el vientre estrecho. Cuando terminamos, ella se quedó ahí tirada, jadeando y con las piernas temblorosas, mientras yo le limpiaba los restos de corrida con la boca antes de volver a abrazarla como si nada hubiera pasado.