La perrita colombiana quiere que le detones fuerte
La colombiana no aguantó más y se tiró encima de la cama con el culo en pompa, los pantis rotos y el coño chorreando de lo mojada que estaba. Con las medias de red puestas y los labios de la concha bien abiertos, le suplicó al tipo que la empotrara sin piedad mientras se metía los dedos ella misma para abrirse más. El cabrón se relamió al ver cómo su verga dura se acercaba a ese agujero estrecho que pedía a gritos que la llenara, así que sin pensarlo dos veces le agarró las caderas y se la clavó hasta el fondo con un empujón brutal. Ella chilló de placer al sentirlo tan adentro, con la polla rozando su matriz, y empezó a gemir como una puta en celo mientras él le fustigaba el culo con embestidas que hacían temblar toda la cama. Los sonidos de carne contra carne resonaban cada vez que su verga entraba y salía de ese coño empalagoso que ya estaba hinchado y brillante por el jugo que le corría entre las piernas. El tipo le agarró el pelo y le ordenó que se callara para escuchar mejor cómo se le escapaban los gritos ahogados mientras le comía el coño con la boca, lamiéndole los labios hinchados y metiéndole la lengua hasta donde llegaba para que se corriera antes de que él mismo estallara dentro. Ella no pudo resistirse ni un segundo más cuando sintió esa lengua caliente recorriéndole el clítoris, así que se dejó llevar por un orgasmo que la dejó temblando, con la espalda arqueada y los muslos temblorosos mientras la leche le resbalaba por los muslos. El cabrón, lejos de parar, le dio la vuelta y se la folló de perrito con más fuerza, agarrándola de los senos que le botaban cada vez que la embestía y sintiendo cómo su concha se le aferraba a la verga como si no quisiera soltarla nunca. Cuando ya no pudo aguantar más, le clavó la polla hasta el fondo y se corrió dentro de ella con un gruñido animal, llenándole el coño de leche espesa mientras la colombiana se retorcía bajo su peso, exhausta pero más que satisfecha.