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Diosa griega se deja empotrar sin piedad al aire libre

10:35 1080P 7 Rubias
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Atenea, con su piel de mármol y esos rizos dorados que le caen hasta la cintura, se arrodilló sobre la hierba húmeda del templo mientras él le arrancaba el vestido blanco con un tirón brusco. Sus tetas perfectas, redondas y firmes, rebotaban cada vez que él la embestía por detrás en postura de perrito, empalándola hasta el fondo con esa polla gruesa que le llenaba el coño de un modo obsceno. Los gemidos de ella resonaban entre las columnas de piedra, mezclándose con el sonido de sus caderas chocar contra su culo prieto y sin un gramo de grasa, que él agarraba con ambas manos para hundirse más hondo. Cuando ella se giró y se sentó a horcajadas sobre él, cabalgándolo con movimientos lentos y sensuales, sus pezones rosados le rozaban el pecho mientras le susurraba al oído lo mucho que adoraba sentir cómo se le endurecía dentro, gruesa y palpitante. Él no pudo resistirse y le agarró el pelo en un puñado, tirando de él hacia atrás para hundirle la cara en su cuello mientras le mordisqueaba la oreja y le decía que su coño estaba más mojado que nunca, hecho un charco bajo sus nalgas. La posición de cuchara llegó después, con ella de espaldas pegada a su cuerpo, sus piernas entrelazadas mientras él le acariciaba los muslos internos antes de clavarle los dedos en la carne para guiar su polla hasta esa ranura caliente y resbaladiza que ya no podía esperar. El primer orgasmo la sacudió cuando él le chupó un pezón con fuerza mientras le metía dos dedos en la boca para que los lamiera, y el segundo llegó cuando él, sudoroso y jadeante, le escupió en el coño antes de correrse con un rugido ronco, llenándole las tetas de leche espesa y caliente que le resbalaba por los pechos hasta gotearle en el ombligo. Cuando por fin se dejaron caer sobre la manta que ella había extendido antes, exhaustos y con las respiraciones entrecortadas, él le susurró al oído que nunca había visto un culo tan perfecto ni unas tetas tan redondas y firmes como las suyas, y ella, con una sonrisa pícara, le respondió que aún le faltaba probar su garganta profunda...

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